“La calidad de vida de una persona con autismo depende del conocimiento que la sociedad tenga de esta”. Theo Peeters.

lunes, 11 de junio de 2018

La herencia del autismo de padres a hijos se relaciona con variantes genéticas raras



Investigadores españoles han participado en un estudio internacional que identifica diversas variantes genéticas relacionadas con el autismo. Dichas modificaciones perfilan un nuevo paisaje genético para el espectro del autismo. Los resultados se publican esta semana en Science.

Un estudio internacional llevado a cabo con 2.600 familias revela el impacto de las variantes genéticas raras heredadas en el autismo, un trastorno poligénico y de difícil diagnóstico y tratamiento. La investigación, publicada en la revista Science, identifica diversas variantes relacionadas que están causadas por deleciones, duplicaciones en tándem, inversiones, cambios estructurales complejos y diversos tipos de elementos genéticos móviles que perfilan un nuevo paisaje genético para el espectro del autismo.

En el trabajo participan expertos de una treintena de instituciones de todo el mundo, entre los que destacan Bru Cormand, del Instituto de Biomedicina de la UB (IBUB), el Instituto de Investigación Sant Joan de Déu (IRSJD) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (CIBERER); Claudio Toma, de la Facultad de Biología de la UB; Roser Corominas, de la Universidad Pompeu Fabra, del CIBERER y del IMIM; Isabel Rueda, del Hospital Universitario Sant Joan de Déu; Amaia Hervás y Silvina Guijarro, del Hospital Universitario Mutua Terrassa, y M.ª Jesús Arranz, directora del laboratorio de investigación de la Fundación Docencia e Investigación Mutua Terrassa.

Dirigida por el experto Jonathan Sebat (Universidad de California - San Diego, Estados Unidos), la nueva investigación representa todo un paso adelante para conocer el complejo mapa genético y molecular del autismo. En ella también participa Craig Venter, un referente internacional en el desciframiento del genoma humano.

Según la Organización Mundial de la Salud, uno de cada 160 niños padece un trastorno del espectro del autismo (TEA), una patología multifactorial que altera las habilidades comunicativas, el comportamiento social y el lenguaje. Los afectados necesitan una asistencia integrada con la colaboración del sector médico, el educativo, y el social. La gran diversidad clínica y etiológica asociada a las patologías del TEA —con un grado de afectación distinto en cada caso— complica la definición de criterios diagnósticos y de prácticas clínicas y asistenciales. 

Sus causas son todavía bastante desconocidas. Sin embargo, los avances en genómica y biología molecular indican que tiene una base genética compleja. Un diagnóstico a tiempo es decisivo para iniciar intervenciones psicosociales desde el comienzo de la infancia y potenciar el progreso y el bienestar de las personas afectadas.

Según explica Bru Cormand, “el nuevo trabajo se desmarca de la investigación previamente realizada sobre la genética del autismo porque explora el impacto en el autismo de las variantes genéticas raras heredadas, cuando la mayoría de trabajos anteriores investigan las variantes raras de novo, es decir, mutaciones que aparecen durante la formación de los gametos pero que no están presentes en los progenitores”.

En segundo lugar, el trabajo se centra en las alteraciones estructurales, es decir, en los cambios de segmentos largos de ADN —deleciones, duplicaciones, inserciones o inversiones—, mientras que anteriormente la investigación analizaba sobre todo cambios de un único nucleótido.

“Este tipo de variantes genéticas son especialmente relevantes por su impacto potencial sobre la regulación de la expresión génica. Hay estudios con un número mayor de pacientes, pero el nuevo trabajo aborda una perspectiva innovadora de la genética del autismo que ha exigido un enorme esfuerzo de análisis bioinformático de datos”, añade.

En el estudio participan unas 1.000 familias, lo que implica a más de 3.000 individuos entre afectados, hermanos sanos y progenitores, y a unos 2.000 más en el estudio de réplica. Una tercera parte de las familias del estudio inicial participan por primera vez en la investigación y provienen de la muestra clínica REACH, que incluye a afectados del Hospital Universitario Mutua Terrassa, del Hospital Universitario Sant Joan de Déu y de centros clínicos de California (Estados Unidos).

Los demás participantes forman parte de la plataforma Simons Simplex Collection (SSC), un proyecto de la Iniciativa para la Investigación del Autismo de la Fundación Simons (SFARI), creada en Estados Unidos para impulsar la investigación sobre la genética asociada al autismo.

El uso de la técnica de secuenciación del genoma entero (whole-genome sequencing, WGS) ha permitido identificar variantes estructurales que no eran detectables mediante otras técnicas —biochips CGH/SNP o secuenciación del exoma (whole-exome sequencing, WES)— por su reducido tamaño o por su localización en regiones no codificantes.

Una de las contribuciones más significativas del trabajo es la clasificación de regiones funcionales relevantes en el genoma según su intolerancia a presentar variantes estructurales. En los pacientes, en concreto, se han estudiado regiones implicadas en la regulación de la expresión génica (inicios de transcripción, 3'-UTR y promotores del cerebro fetal) en genes que son intolerantes a las variantes estructurales (y que por tanto, cuando las tienen, es con consecuencias muy adversas).

En palabras de la investigadora Roser Corominas (UPF-CIBERER-IMIM), “uno de los principales retos de la técnica WGS es la interpretación de las variantes identificadas”. La experta aclara que el WGS tiene la capacidad de secuenciar todo el genoma, pero que el impacto funcional de la mayoría de las alteraciones identificadas hasta ahora es todavía bastante desconocido: “Para resolver estas incertidumbres, son imprescindibles herramientas bioinformáticas sofisticadas —algunas de las cuales se utilizan en este estudio— y análisis funcionales a gran escala”.

Según los expertos, si se excluyen las variantes estructurales patogénicas conocidas —que representan el 1,9 % de los casos de TEA—, el estudio revela que las variantes estructurales identificadas contribuyen al 11 % de los casos, una cifra importante. De estas, la mitad son mutaciones de novo que afectan a genes concretos, y la otra mitad son mutaciones heredadas que alteran elementos reguladores o genes. Si a estas cifras se suman las mutaciones puntuales raras y las variaciones frecuentes ya conocidas, estamos cada vez más cerca de perfilar el paisaje genético completo del espectro del autismo, aunque todavía queda bastante camino por recorrer.

El estudio revela que hay una mayor transmisión paterna de variantes estructurales en regiones reguladoras de la expresión génica que no toleran variaciones. Este resultado —uno de los más inesperados del estudio— va en sentido contrario a lo que se sabía sobre la transmisión de mutaciones que originan proteínas truncadas, un proceso asociado a la predominancia materna.

La idea general de que el riesgo genético transmitido provendría predominantemente de las madres se basa en su menor vulnerabilidad al trastorno. Según el nuevo estudio, los efectos de la herencia paterna o materna en el riesgo genético del autismo son más complejos de lo que se pensaba.

En opinión de Amaia Hervás, coordinadora de los equipos clínicos del estudio del área de Barcelona, y M.ª Jesús Arranz, coordinadora de los trabajos genéticos de Mutua Terrassa, “los resultados de esta investigación ayudan a entender mejor los mecanismos genéticos que contribuyen a la aparición del autismo hereditario, y facilitarán el desarrollo futuro de herramientas de tratamiento farmacológico”.

El esfuerzo para definir con mayor precisión los componentes del paisaje genético del autismo ha dado lugar a un listado de genes que están alterados en los pacientes. Estos nuevos descubrimientos, que dan pistas sobre las grandes funciones del cerebro que están alteradas, también revelan cuáles son los elementos del genoma que podrían ser dianas para desarrollar futuras terapias.

Tal como indican los autores, “la investigación revela que muchas de las alteraciones detectadas en los pacientes tienen un impacto sobre elementos que regulan la expresión de genes. Aunque aún se está lejos de las aplicaciones terapéuticas, esto podría abrir futuras opciones para obtener mejoras clínicas en los pacientes si somos capaces de modular —es decir, aumentar o disminuir— la expresión de determinados genes”. 

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martes, 8 de mayo de 2018

El uso prolongado de paracetamol en el embarazo vinculado a un aumento del riesgo de autismo.



Un estudio de la Universidad Hebrea de Jerusalén, publicado en American Journal of Epidemiology, muestra nuevas evidencias sobre la posible relación entre el uso prolongado de acetaminofeno (paracetamol) durante el embarazo y el riesgo de trastornos del neurodesarrollo en la infancia.

El paracetamol es uno de los medicamentos más comunes utilizados para el tratamiento del dolor y la reducción de la fiebre durante el embarazo y se considera seguro en los seres humanos. Sin embargo, la evidencia de propiedades neuro-disruptivas se está acumulando: estudio anterior, realizado por expertos de la Universidad de Hamburgo, otro, fruto de un análisis del Instituto Danés de Salud Pública o un tercero, liderado por el Instituto de Salud de Noruega, han demostrado que la administración a largo plazo de dosis bajas de paracetamol puede afectar el desarrollo del sistema nervioso fetal, y que este efecto se ve a menudo años después de la exposición.

Ahora, un grupo de investigadores liderados por Ilan Matok, han realizado una revisión sistemática y un metanálisis para evaluar la posible asociación entre la exposición prolongada al acetaminofeno y el riesgo de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y el trastorno del espectro del autismo (TEA).
Los resultados muestran que la exposición prolongada al paracetamol durante el embarazo se asocia con un aumento del 30% en el riesgo relativo de TDAH (en comparación con aquellos que no lo tomaron durante el embarazo) y un aumento del 20% en riesgo relativo para TEA.

Este es el primer metaanálisis y el estudio más exhaustivo jamás realizado sobre la posible asociación entre el uso prolongado de paracetamol durante el embarazo y el riesgo de trastorno del espectro del autismo (TEA) o trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Los datos de la investigación se basan en el análisis de 132.738 madres e hijos que fueron objeto de seguimiento durante un periodo de entre 3 y 11 años.

Dadas las limitaciones significativas de los estudios existentes, los investigadores creen que los resultados deben interpretarse con precaución, ya que pueden causar ansiedad innecesaria entre las mujeres embarazadas. Es importante entender que el dolor y la fiebre durante el embarazo pueden tener un efecto perjudicial en el desarrollo del feto y que el acetaminofeno todavía se considera un medicamento seguro para usar durante el embarazo. Por lo tanto, si una mujer embarazada tiene fiebre y/o dolor, se puede tomar por un período corto, y si la fiebre o el dolor continúan más allá de eso, debe consultar a su médico sobre el tratamiento posterior.

"Nuestro estudio – explica Matok en un comunicado – proporciona la primera descripción integral de los resultados del desarrollo después del uso prolongado de paracetamol durante el embarazo. Los hallazgos sugieren una asociación entre el uso prolongado de acetaminofeno y un aumento en el riesgo de autismo y TDAH. El aumento en el riesgo fue pequeño, y los estudios existentes tienen limitaciones significativas. Aunque se debe evitar el uso innecesario de cualquier medicamento durante el embarazo, creemos que nuestros hallazgos no deberían alterar la práctica actual y las mujeres no deberían evitar el uso de paracetamol a corto plazo cuando sea clínicamente necesario”.


Revista American Journal of Epidemiology
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Hallan un vínculo entre la reacción de la pupila a la luz y el autismo



Un nuevo estudio publicado en Nature Communications señala que los bebés que más tarde son diagnosticados con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) reaccionan más fuertemente a los cambios repentinos en la luz. Este hallazgo proporciona apoyo a la opinión de que el procesamiento sensorial juega un papel importante en el desarrollo del trastorno.

A pesar de estar definidos por síntomas en la comunicación social, los investigadores están adoptando cada vez más la opinión de que los primeros signos del TEA pueden residir en procesos más básicos del desarrollo cerebral. Además, en la última edición del manual utilizado para diagnosticar la enfermedad en muchos países, los síntomas sensoriales se han incluido como características definitorias.

En el nuevo estudio, los investigadores, liderados por Terje Falck-Ytte, analizaron el reflejo pupilar a la luz en bebés de 9 a 10 meses de edad: este reflejo es un mecanismo regulador básico que controla la cantidad de luz que llega a la retina. Los bebés que cumplían con los criterios de autismo a los tres años de edad, constriñeron sus pupilas más que los bebés que no cumplían con los criterios de autismo. Además, la cantidad de restricción pupilar en la infancia, se asoció con la intensidad de los síntomas de autismo en el seguimiento.

"Estudios previos en niños mayores con autismo – explica Falck-Ytte en un comunicado – han sugerido un débil reflejo pupilar a la luz en este grupo. Estos hallazgos nos motivaron a evaluar el reflejo en hermanos pequeños de niños con TEA. La mayoría de estos niños se desarrollan típicamente, pero la probabilidad de recibir un diagnóstico de autismo es considerablemente más alta en este grupo que en la población general. Creemos que los hallazgos son importantes porque apuntan a una función muy básica que no se ha estudiado antes en los bebés con diagnóstico posterior de autismo”.

Los participantes en el experimento tenían entre 9 y 10 meses de edad cuando fueron examinados sus reflejos pupilares y luego se realizó un seguimiento hasta los tres años, cuando se llevó la evaluación diagnóstica. En total, 147 niños con un hermano mayor con autismo participaron en el estudio, de los cuales 29 cumplieron con los criterios de autismo en el seguimiento. El estudio también incluyó un grupo de control de 40 bebés.

"Actualmente, el autismo no se puede diagnosticar confiablemente antes de los 2-3 años de edad – concluye Falck-Ytte – , pero esperamos que con más conocimiento sobre el desarrollo temprano de este trastorno, sea posible realizar un diagnóstico con anterioridad. Esto debería facilitar el acceso temprano a la intervención y el apoyo a las familias”.





domingo, 6 de mayo de 2018

Una ilusión óptica podría ayudar a diagnosticar el autismo



Conseguir llegar a un diagnóstico relacionado con el trastorno del espectro del autismo puede ser tremendamente difícil, todo un desafío para la medicina. Sin embargo, el simple hecho de notar cómo la forma de unas pupilas se dilata al mirar una columna de puntos cambiantes podría ser una pista.

El descubrimiento proviene de un equipo de investigadores con sede en la Universidad de Pisa, Italia, que descubrió que una simple ilusión óptica podría usarse para detectar de manera objetiva cómo algunas personas tienden a acercarse a los detalles y perderse una visión más amplia.

El trastorno del espectro del autismo (TEA) abarca una variedad de rasgos que pueden variar de leves a graves. Estos generalmente incluyen dificultades en el control motor y el procesamiento de la información sensorial, lo que lleva a comportamientos como la anulación de la sobreestimulación o movimientos repetitivos.

Comunicarse y responder a las señales sociales también puede ser todo un desafío, dando lugar a cualquier cosa, desde dificultades con las habilidades del lenguaje más básico a no hablar. Por tanto, con tantas aristas que marcar y tanta variedad en la forma en que se presentan, es fácil pasar por alto el TEA. Visto así, tener otra herramienta que establezca una distinción clara podría ayudar a los especialistas a realizar un diagnóstico.

El nuevo método utiliza dos capas de puntos en contraste que se mueven en direcciones opuestas dentro de una columna estrecha. Vamos a realizar la prueba. Fíjate en la ilusión y hazte la siguiente pregunta, ¿está girando la columna, o son solo dos hojas de puntos que se deslizan una sobre otra?

No hay que preocuparse si lo ves cambiar de un lado a otro. El cerebro a menudo vacila en sus intentos por establecer el significado de una imagen. La diferencia entre las dos traducciones de la ilusión depende de cómo interpretas las dos capas.

Si los ves como hojas que se mueven separadas, te estás enfocando en un tono y luego en el otro, escogiendo cada uno como detalles distintos de escenas desconectadas: una vista muy detallada. Pero cuando el cerebro se acerca a la imagen más grande y reconoce la ilusión como un único sistema, un tono (muy probablemente blanco) se ve como el frente de un punto que se mueve por la cara de una columna antes de girarse en el borde y aparecer como el otro tono (negro) en la superficie interna.

Algunas personas se concentran más en uno que en el otro. Pero las personas cuyos cerebros reflejan los rasgos más asociados con TEA deberían centrarse más en los detalles, una señal del enlace del procesamiento sensorial que surge del autismo.

Los investigadores mostraron la ilusión a más de 50 adultos que no tenían un diagnóstico de autismo. Si su enfoque estaba en las capas como detalles separados, sus pupilas parpadearían a medida que se ajustaban a los dos tipos de tonos de luz. Luego evaluaron a los voluntarios en busca de rasgos asociados al autismo utilizando un cuestionario.

Si bien el análisis no fue diseñado para diagnosticar a los sujetos, sí les permitió correlacionar sus hallazgos con las medidas utilizadas para predecir TEA. Y sí, aquellos individuos que ocuparon un lugar más alto en la encuesta tendieron a mostrar fluctuaciones en los alumnos que sugerían que se estaban enfocando más en los detalles de la ilusión que en la imagen de una columna giratoria.




lunes, 30 de abril de 2018

El dolor en las personas adultas con un trastorno del espectro del autismo (TEA) y comorbilidad.


El presente estudio investigó en qué medida la percepción del dolor por parte de las personas adultas con autismo con problemas médicos ordinarios está mediado por la psicopatología comórbida, el estrés y las disfunciones ejecutivas en la vida diaria. La evaluación del dolor en el ámbito del autismo, en particular con las personas con autismo no verbales, es uno de los retos más importantes en los centros del autismo. Las personas con autismo sufren algunas alteraciones médicas que requieren unos procedimientos exploratorios y terapéuticos dolorosos. Además, la incapacidad de estas personas para verbalizar la experiencia dolorosa supone a veces una terapéutica inapropiada.
Esta investigación puso de manifiesto una elevada correlación entre la intensidad del dolor y la severidad del autismo. Al mismo tiempo se puso de relieve una relación estadísticamente significativa entre la intensidad del dolor percibido y la psicopatología comórbida y la disfunción ejecutiva en la vida diaria, pero esta relación no se mantuvo en relación con el estrés.
La relación entre el dolor y la función ejecutiva en general y en la vida diaria está ampliamente demostrada, en coincidencia con lo demostrado en esta investigación. Al mismo tiempo, la relación entre el dolor y la psicopatología comórbida fue probada en esta investigación en consonancia con otras publicaciones.
Pero el hallazgo más relevante de esta investigación es la mediación de la sintomatología comórbida en la relación entre la severidad del autismo y el nivel de intensidad del dolor, tal como se pone de evidencia en diversas publicaciones.

En síntesis, estos resultados ponen de relieve la necesidad de identificar el dolor por medios objetivos, tanto escalares como observacionales, y tener en cuenta la psicopatología comórbida como variable moduladora de la expresión del dolor en las personas con autismo.

Para leer más:
https://www.cedd.net/redis/index.php/redis/article/view/420

lunes, 19 de febrero de 2018

Test de sangre y orina para detectar trastornos del espectro del autismo



Un equipo de científicos de la Universidad de Warwick ha desarrollado un nuevo test de sangre y orina que permitiría realizar una detección temprana de los trastornos del espectro del autismo (TEA), lo que significa que quienes lo tienen, podrían recibir un tratamiento apropiado mucho antes.

Los TEA son trastornos del desarrollo que afectan principalmente a la interacción social y pueden incluir un amplio espectro de problemas de conducta. Estos incluyen trastornos del habla, comportamiento repetitivo y/o compulsivo, hiperactividad, ansiedad y dificultad para adaptarse a nuevos entornos, algunos con o sin deterioro cognitivo. Dado que hay una amplia gama de síntomas de TEA, el diagnóstico puede ser difícil e incierto, particularmente en las primeras etapas de desarrollo.

El estudio, publicado en Molecular Autism, destaca una relación entre los TEA y el daño a las proteínas en el plasma sanguíneo por oxidación y glicación, procesos en los que las especies reactivas del oxígeno (ROS) y las moléculas de azúcar, modifican las proteínas de manera espontánea. El equipo, liderado por Naila Rabbani, afirma que se trata de la prueba más confiable hasta la fecha. “Nuestro descubrimiento –señala Rabbani en un comunicado– podría conducir a un diagnóstico e intervención más temprana. Esperamos que las pruebas también revelen nuevos factores que conducen al TEA. Con más pruebas podemos revelar perfiles específicos de plasma y urinarios “huellas dactilares” de compuestos con modificaciones perjudiciales. Esto puede ayudarnos a mejorar el diagnóstico de TEA y señalar el camino a nuevas causas”.

En los casos de TEA se señala que entre un 30 y un 35% está vinculado a causas genéticas y el 65-70% restante se cree que podría estar relacionado con una combinación de factores ambientales, mutaciones múltiples y variantes genéticas raras. Sin embargo, el equipo de investigación también cree que las nuevas pruebas podrían revelar causas que aún se desconocen.

Los próximos pasos serán repetir el estudio con otros grupos de niños para confirmar el buen rendimiento diagnóstico y evaluar si la prueba puede identificar los TEA en etapas muy tempranas e indicar cuan es probable que el TEA se desarrolle hacia trastornos más graves.



lunes, 12 de febrero de 2018

El bilingüismo influye en la flexibilidad cognitiva de niños con autismo


Ser bilingüe puede ayudar a niños con autismo. Según un reciente estudio publicado en Child Development, los menores con este tipo de trastorno a menudo tienen dificultades para cambiar de una tarea a otra, pero si son bilingües pueden hacer que sea un poco más fácil para ellos hacerlo.

“Este es un hallazgo nuevo y sorprendente”, asegura Aparna Nadig, profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación y Trastornos de la Universidad McGill y autor principal del trabajo. “En los últimos 15 años ha habido un debate importante en el campo sobre si hay una 'ventaja bilingüe' en términos de funciones ejecutivas. Algunos investigadores han argumentado convincentemente que vivir como una persona bilingüe y tener que cambiar de idioma inconscientemente para responder a el contexto lingüístico en el que se desarrolla la comunicación aumenta la flexibilidad cognitiva, pero nadie ha publicado investigaciones que demuestren claramente que esta ventaja también puede extenderse a los niños en el espectro del autismo. Por lo tanto, es muy emocionante descubrir que sí lo hace”.

Los investigadores llegaron a esta conclusión después de comparar cuán fácilmente 40 niños entre las edades de seis y nueve años, con o sin  trastornos del espectro del autismo (TEA), que eran monolingües o bilingües, pudieron cambiar tareas en una prueba generada por un ordenador.

Inicialmente se pidió a los niños que clasificaran un solo objeto que aparecía en la pantalla de una computadora por color (es decir, clasificaron los conejos azules y rojos como rojos o azules) y luego se les pidió que cambiaran y clasificaran los mismos objetos por su forma (es decir, conejos azules y barcos rojos por forma, independientemente de su color).

Los investigadores encontraron que los niños bilingües con TEA tenían un rendimiento significativamente mejor cuando se trataba de la parte más compleja de la prueba de cambio de tareas en relación con los niños con TEA que eran únicos. Es un hallazgo que tiene implicaciones potencialmente de gran alcance para las familias de niños con TEA.

“Es fundamental tener más pruebas sólidas para que las familias utilicen al tomar decisiones importantes sobre educación y crianza de los hijos, ya que a menudo se les advierte que exponer a un niño con TEA a más de un idioma empeorará las dificultades del lenguaje”, dice Ana Maria Gonzalez-Barrero, el primer autor del artículo, y un reciente graduado de McGill PhD.

“Pero hay un número cada vez mayor de familias con niños con TEA para quienes el uso de dos o más idiomas es una práctica común y valiosa y, como sabemos, en sociedades bilingües como la nuestra en Montreal, hablar un solo idioma puede ser un obstáculo significativo”. En la edad adulta para oportunidades laborales, educativas y comunitarias.

A pesar del pequeño tamaño de la muestra, los investigadores creen que la “ventaja bilingüe” que vieron en los niños con TEA tiene implicaciones altamente significativas y debe estudiarse más a fondo. Planean seguir a los niños con TEA que evaluaron en este estudio durante los siguientes tres y cinco años para ver cómo se desarrollan. Los investigadores quieren ver si la ventaja bilingüe que observaron en el laboratorio también se puede observar en la vida diaria a medida que los niños envejecen.