“La calidad de vida de una persona con autismo depende del conocimiento que la sociedad tenga de esta”. Theo Peeters.

martes, 29 de abril de 2014

La relación entre el autismo y la agenesia del cuerpo calloso

El cuerpo calloso es un gran haz de más de 200 millones de fibras nerviosas que conecta el hemisferio derecho del cerebro con el izquierdo, permitiendo la conexión y coordinación entre ambos. Hay personas que nacen sin esta conexión, lo que se llama agenesia del cuerpo calloso (ACC). Estas personas funcionan como si tuvieran en cerebro dividido, o como si tuviesen dos cerebros sin relación el uno con el otro. Toda la información y los procesos que se producen en uno de los hemisferios, no pasan al otro para complementarse y generar la respuesta adecuada, por ejemplo. Se da el caso, además, de que la sección quirúrgica del cuerpo calloso ayuda en los casos de epilepsia refractaria, una de las más limitantes y complejas de controlar por parte de los pacientes, a pesar de la medicación. Los síntomas observados tanto en los casos de ACC como en las epilepsias refractarias después de seccionar el cuerpo calloso, hacía sospechar a los investigadores de que podía existir una relación patológica entre el cuerpo calloso y el autismo. Finalmente, científicos del Instituto de Tecnología de California (Caltech), han logrado asociar ambos fenómenos, encontrando una relación entre sus síntomas.

A pesar de la ACC, muchos individuos pueden hacer una vida prácticamente funcional, con su trabajo, su familia pero, sin embargo, se desarrollan una serie problemas en lo relativo a las relaciones sociales. A veces también pueden producirse déficit de memoria y retrasos en el desarrollo, aspectos semejantes a algunos de los síntomas del autismo. Según explica Lynn Paul, autora principal del estudio, aunque las semejanzas entre ambas patologías se conocían desde hacía tiempo, lo que ahora se ha podido hacer es llevar a cabo una comparación entre ambos grupos de pacientes, gracias fundamentalmente a que el equipo de Paul ya llevaba años estudiándolos por separado en la realización de tareas semejantes como observación de comportamientos sociales o los cuestionarios de valoración de la inteligencia y el funcionamiento social. La recopilación de datos de ambos grupos ha supuesto casi una década de trabajo.

Las primeras puestas en común arrojaron resultados bastante esperados. Aproximadamente un tercio de las personas con ACC podría encajar perfectamente en el patrón de diagnóstico del autismo. Sin embargo, a pesar de las similitudes, las diferencias entre ambos eran significativas. Las personas con trastornos del espectro autista muestran comportamientos autistas en la infancia y en la primera infancia, algo que no sucede en la ACC, donde estas conductas se producen más adelante, en una infancia más tardía y en la adolescencia. Paul explica que es entre los 9 y los 12 años que un cuerpo calloso inicialmente normal comienza a desarrollarse más, favoreciendo el avance en la adquisición de las habilidades sociales y el pensamiento abstracto en los niños de esa edad. Por eso, los adolescentes con ACC suelen mostrarse socialmente más torpes en esa etapa, cuando estos requerimientos comienzan a tener más peso en la persona. 

La ACC puede detectarse antes del nacimiento por medio de ultrasonidos de alta resolución. Conocer las edades en las que se producen estos desarrollos permite fomentar el entrenamiento en las habilidades sociales antes de que lleguen a producirse los problemas, además de iniciar el estudio de estas patologías, de las que se conoce tan poco realmente, desde una edad mucho más temprana, anticipándose a los cambios y desarrollos naturales que se producen en el cerebro.