“La calidad de vida de una persona con autismo depende del conocimiento que la sociedad tenga de esta”. Theo Peeters.

jueves, 22 de enero de 2015

Confirman el beneficio de la oxitocina en algunos síntomas del autismo

Desde hace tiempo se sospecha que la oxicitocina, la llamada ‘hormona del amor’, puede tener un papel en el manejo de algunos síntomas relacionados con el trastorno del espectro del autismo. Y, al menos en ratones, parece que la oxitocina puede mejorar el comportamiento social, un beneficio que puede llegar a ser de larga duración con un tratamiento oportuno.

La oxitocina es una hormona que ayuda a construir los lazos sociales y la confianza en animales, aunque los ensayos clínicos realizados hasta la fecha han dado resultados mixtos. Para entender cómo funciona la hormona en el cerebro, los investigadores de la Universidad de California-Los Ángeles (EE.UU.) fabricaron un ratón transgénico con una forma genética de autismo gracias a la supresión de un gen, lo que causo un síndrome hereditario de desarrollo que incluye trastorno del espectro del autismo.

Así, pudieron ver que cuando se trataba a los ‘ratones con autismo’ con oxitocina, mejoraba su comportamiento, y eran capaces de interactuar más tiempo con otros ratones. Además los investigadores vieron que los cerebros de ratones con autismo tenían niveles más bajos de la hormona que era producto de una menor cantidad de neuronas productoras de oxitocina.

Para probar si podían influir en los ratones durante el desarrollo temprano cuando los circuitos neuronales están en formación, los expertos, entre los que se encuentra la investigadora española Olga Peñagarikano, trataron a los ratones con autismo con dosis diarias de oxitocina poco después de nacer. Y vieron que el tratamiento temprano producía beneficios duraderos en sus habilidades sociales, que se mantenían más de una semana después de suspender el tratamiento.

Los resultados parecen apoyar la exploración de la oxitocina como tratamiento para algunas formas de autismo y sugieren además un periodo ‘ventana’ crítico en el que el tratamiento temprano podría ayudar a restaurar la sociabilidad. La investigación se publica en «Science Translational Medicine».