“La calidad de vida de una persona con autismo depende del conocimiento que la sociedad tenga de esta”. Theo Peeters.

miércoles, 15 de abril de 2015

La carga epigenética paterna puede ser clave en el origen del autismo

Los espermatozoides podrían tener un papel desconocido en el origen del autismo.. Un equipo de la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.) han descubierto que el ADN de los espermatozoides de los hombres cuyos hijos presentaban señales tempranas de autismo muestran distintos patrones que podrían contribuir a la enfermedad. El trabajo se publica en el último número de «International Journal of Epidemiology».

El trastorno del espectro autista está catalogado como un trastorno generalizado del desarrollo caracterizado por una integración social deficitaria y un repertorio muy restringido de actividades e intereses. Suele manifestarse antes de los 3 años y puede ir asociado a deficiencia mental en el 75% de los casos. La prevalencia es de 10 casos por cada 100.000 nacimientos. Aunque los estudios han identificado algunos genes responsables, la mayoría de los casos sigue sin explicación. Sin embargo, los investigadores coinciden en que el autismo se hereda, ya que el trastorno tiende a darse en familias. En este trabajo se ha buscado las posibles causas del trastorno pero no en los genes, sino en las ‘etiquetas epigenéticas’, que ayudan a regular la actividad de los genes.

«Queríamos saber si podríamos aprender qué sucede antes de que una persona desarrolla autismo», señala Andrew Feinberg, de la Universidad Johns Hopkins. En este sentido, «si los cambios epigenéticos se traspasan de padres a hijos deberíamos ser capaces de detectarlos en los espermatozoides», añade Daniele de Fallin, de la Escuela Bloomberg de Salud Pública y directora del Centro Wendy Klag para el Autismo.

¿Por qué en los espermatozoides? Además de ser más fácil de investigar que los óvulos de las mujeres, explica, los espermatozoides son más susceptibles a las influencias ambientales que podrían alterar las ‘etiquetas epigenéticas’ en su ADN. Así, los expertos evaluaron las ‘etiquetas epigenéticas’ en el ADN del esperma de 44 padres que participaban en un estudio para evaluar los factores que influyen en un niño antes de ser diagnosticado de autismo.

La investigación recogía datos -información y muestras biológicas- de las madres embarazadas que ya tenían un niño con autismo y recogió de estas madres, pero también de los padres del bebé y los propios bebés después del nacimiento. Al inicio del embarazo, se recogió una muestra de esperma de los padres y un año después del nacimiento del niño se evaluaron los signos tempranos de autismo en los niños utilizando la Escala de Observación del Autismo en Lactantes (AOSI, por sus siglas en inglés).
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De esta forma los investigadores recogieron ADN de cada muestra de esperma y analizaron las ‘etiquetas epigenéticas’ en 450.000 localizaciones o ‘loci’ diferentes a lo largo del genoma que posteriormente compararon la probabilidad de que una ‘etiqueta’ esté en un sitio en particular con las puntuaciones AOSI de cada niño. Así, encontraron 193 localizaciones diferentes donde la presencia o ausencia de una etiqueta estaba estadísticamente relacionada con las puntuaciones AOSI.

Después de examinar qué genes estaban cerca de las localizaciones identificadas, los investigadores encontraron que muchos de ellas estaban cerca de los genes implicados en los procesos de desarrollo, especialmente en el desarrollo neuronal. Especialmente interesante fue que cuatro de las diez localizaciones más fuertemente vinculadas a las puntuaciones AOSI estaban ubicadas cerca de los genes relacionados con el síndrome de Prader-Willi, un trastorno genético que comparte algunos síntomas de comportamiento con el autismo.

Además, varios de los patrones epigenéticos alterados también fueron identificados en los cerebros de las personas con autismo, lo que sustentaba la idea de que podrían estar relacionados con el autismo. El equipo tiene previsto confirmar sus resultados en un estudio con más familias con el objetivo de analizar las ocupaciones y las exposiciones ambientales de los papás involucrados. Actualmente no existe una prueba genética o epigenética disponible para evaluar el riesgo de autismo.