“La calidad de vida de una persona con autismo depende del conocimiento que la sociedad tenga de esta”. Theo Peeters.

miércoles, 22 de abril de 2015

La vacuna triple vírica no aumenta el riesgo de autismo

Un análisis de más 90.000 niños no encuentra asociación entre la vacuna del sarampión, las paperas y la rubéola y una mayor incidencia de trastorno del espectro del autismo.

La vacuna del sarampión, las paperas y la rubéola parece no ser la responsable de los casos autismo. Al menos así se desprende de una investigación realizada en más de 95.000 niños en EE.UU. financiado por los Institutos Nacionales de Salud que ha confirmado que la vacuna triple vírica contra el sarampión, las paperas y la rubéola no se asocia a un mayor riesgo de trastorno del espectro del autismo, ni siquiera en aquellos menores cuyos hermanos sufren esta patología.

Los resultados publicados en la revista «JAMA» niegan así que esta vacuna tenga un efecto perjudicial, tal y como habían sugerido investigaciones previas y en las que se han apoyado los grupos antivacunas. Las tesis de estos, surgidos en los últimos años, han tenido un cierto impacto en países anglófonos. Afirman que las vacunas no sólo no protegen adecuadamente sino que además contienen compuestos tóxicos de, por ejemplo, aluminio, empleados como coadyuvante en algunas vacunas, para aumentar la respuesta inmune.

El detonante de esta corriente antivacunas fue la publicación en la revista médica «The Lancet» de un fraudulento artículo, escrito por el cirujano Andrew Wakefield, que relacionaba las vacunas con el autismo, y que ha dado alas a estos grupos en los últimos años, pese a que el artículo fuera retirado, la revista se retractara y el tribunal del Consejo General de Medicina de Reino Unido achacara a su autor más de treinta cargos, desde conflicto de intereses al abuso de 12 niños con autismo, a quienes sometió a innecesarias colonoscopias o punciones lumbares. Aun así, hay padres de niños con autismo que siguen atribuyendo este trastorno al uso previo de la vacuna.

Para llevar a cabo este nuevo estudio, que probablemente tampoco cerrará la polémica, los investigadores han utilizado diferentes bases de datos con el objetivo de analizar el riesgo de autismo en una amplia muestra que incluía también menores con hermanos mayores con autismo.

Así, detallan en «JAMA» los investigadores dirigidos por Anjali Jain, de Lewin Group (EE.UU.), de los 95.727 niños incluidos, 1.929 (2,01%) tenían un hermano mayor con autismo. De todos ellos, solo 994 (1,04%) fueron diagnosticados de autismo durante el seguimiento. Si se analizaban los datos en relación a niños con hermanos mayores con este trastorno, 134 (6,9%) fueron diagnosticados con autismo, en comparación con 860 (0,9%) entre los que tienen hermanos sin este trastorno.

Cuando los investigadores valoraron la tasa de vacunación triple vírica (1 o más dosis) observaron una cierta discrepancia: la tasa era del 84% (78.564 niños) para aquellos con hermanos no afectados a los 2 años y del 92% (86 063) a la edad de 5 años; sin embargo, en los niños con hermanos mayores con autismo fueron menores: 73% a la edad de 2 años y el 86% los 5 años. Tras analizar los datos los investigadores concluyeron que la vacuna no se asoció con un mayor riesgo de autismo a cualquier edad.

Para los investigadores los resultados son claros: «no hemos observado ninguna asociación entre la vacunación triple vírica y el aumento del riesgo de trastorno del espectro del autismo en los niños. Tampoco hemos encontrado pruebas de que la recepción de cualquiera de 1 o 2 dosis de la vacuna se asociara con un mayor riesgo de autismo en los niños que tenían hermanos mayores con este trastorno».

Y, añaden, debido a que aumenta la prevalencia de niños diagnosticados con autismo, también lo hace el número de niños que tienen hermanos diagnosticados con este trastorno, un dato muy relevante, subrayan, porque «este grupo de niños se vacunan menos en nuestras observaciones».