“La calidad de vida de una persona con autismo depende del conocimiento que la sociedad tenga de esta”. Theo Peeters.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Nacer antes de tiempo altera las conexiones cerebrales

La incidencia del parto prematuro está aumentando y se sabe que puede conducir a una variedad de trastornos neurológicos y cognitivos que pueden arrastrarse en la etapa escolar y mantenerse en la vida adulta. Nacer antes de las 33 semanas de gestación se ha vinculado a un mayor riesgo de problemas neurológicos, incluidos los trastornos del espectro del autismo y por déficit de atención.

Los correlatos neuroanatómicos específicos de deterioro cognitivo en los bebés prematuros no están claros, pero un estudio del Kings College de Londres que se publica en PNAS avala la sospecha de que nacer antes de tiempo puede alterar la conectividad entre dos áreas clave del cerebro, la corteza cerebral y el tálamo, y podría estar en la base de los déficit observados.

El tálamo es una especie de centralita de comunicaciones, situada en las profundidades del cerebro, por la que pasan casi todos los estímulos que llegan a la corteza cerebral. Las conexiones entre estas esas dos regiones del cerebro, denominadas tálamo-corticales, son esenciales para la función cerebral y se establecen temprano en el desarrollo.

Los investigadores del del Kings College encontraron que los nacidos a término, entre las 37 y 42 semanas de gestación, tenían una estructura muy similar a los adultos en estas regiones del cerebro, de acuerdo con la evidencia existente de que la conexiones de las redes del cerebro están bastante maduras en el momento del nacimiento.

Sin embargo, los bebés nacidos prematuramente (antes de las 33 semanas de gestación) tenían menos conectividad entre el tálamo y determinadas áreas de la corteza cerebral implicadas en las funciones cognitivas superiores. Por el contrario, tenían mayor conectividad entre el tálamo y un área de la corteza sensorial primaria que está involucrada en el procesamiento de señales de la cara, labios, mandíbula, lengua y garganta. Y cuanto más prematuros eran, más marcadas fueron las diferencias en el patrón de conectividad cerebral.

El desarrollo de esas conexiones en los bebés prematuros parece haber sidomodulado por la experiencia de su vida extrauterina, con un aumento de la conectividad en las cortezas sensoriales primarias relacionadas con la alimentación, y una disminución entre el tálamo y la corteza prefrontal, que es la sede de las funciones cognitivas.

Los autores sugieren que las conexiones más fuertes dirigidas desde el tálamo a las regiones de la corteza relacionadas con la cara y los labios en los recién nacidos prematuros pueden reflejar su exposición temprana a la lactancia materna y el biberón, mientras que la conectividad reducida en otras regiones del cerebro puede estar relacionado con la mayor incidencia de las dificultades observadas en la infancia tardía.

El estudio utiliza imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) para examinar las conexiones específicas en el cerebro de 66 niños, 47 de los cuales han nacido antes de las 33 semanas, y eran, por tanto, de alto riesgo de deterioro neurológico, y 19 nacidos a término. Las conexiones cerebrales investigadas fueron entre el tálamo y la corteza, las que se desarrollan rápidamente durante el período que un recién nacido prematuro es atendido en una unidad neonatal.

La siguiente etapa de investigación para el grupo dirigido por Hilary Toulmin será entender cómo estas conclusiones se relacionan con las dificultades de aprendizaje, concentración y de la esfera social que muchos de estos niños experimentan cuando crecen.

La capacidad actual para ver estas conexiones del cerebro habría sido inconcebible hace apenas unos años, pero ahora las técnicas de neuroimagen permiten observar el desarrollo del cerebro en los bebés a medida que crecen, y esto es probable que produzca beneficios notables, resaltan los investigadores.

La identificación temprana de deficiencias en la conectividad talamo-cortical puede ayudar a identificar a los niños con riesgo de retraso cognitivo posterior y puede ser útil para evaluar la eficacia de posibles tratamientos.