“La calidad de vida de una persona con autismo depende del conocimiento que la sociedad tenga de esta”. Theo Peeters.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Cambios en la química del cerebro propician el autismo

Investigadores han descubierto una relación directa entre los síntomas de comportamiento de las personas con autismo y la acción reducida de un neurotransmisor inhibitorio llamado GABA (ácido gamma aminobutírico), cuya responsabilidad principal es disminuir la actividad neuronal en el cerebro, informa Europa Press.

Los hallazgos, que se revelan en un artículo que se ha publicado en la revista ‘Current Biology’, sugieren que los fármacos que aumentan las concentraciones cerebrales de GABA podría tener potencial para el tratamiento del autismo, dicen los investigadores.

«Estos resultados marcan el primer eslabón empírico entre un neurotransmisor específico medido en los cerebros de las personas con autismo y un síntoma de comportamiento del autismo», dice Caroline Robertson, de la Universidad de Harvard y el Instituto McGovern para la Investigación del Cerebro del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos.

Evidencia previa de estudios genéticos y en animales había sugerido un papel importante de la señalización de GABA en el autismo, pero la evidencia empírica directa en humanos era deficiente. Investigaciones también demostraron que las personas con trastornos del espectro del autismo son más lentas en un fenómeno llamado rivalidad binocular, que se sabe que implica la inhibición en el cerebro.

En la rivalidad binocular, se presentan simultáneamente dos imágenes contradictorias, una para cada ojo. Para distinguir una imagen de la otra, el cerebro debe inhibir las señales neuronales para empujar una fuera de la conciencia visual. Por lo general, las personas en desarrollo normal suprimen una imagen visual de la conciencia durante muchos segundos a la vez, mientras que las personas con autismo se esfuerzan por eliminar las imágenes visuales.

Robertson, autor principal del MIT, y sus colegas querían saber si esta dificultad podría atribuirse a diferencias en los niveles de GABA en el cerebro de la persona con autismo. Pidieron a 21 personas con autismo y 20 individuos de control normales que realizaran una tarea de rivalidad binocular. Como era de esperar, los adultos con autismo eran más lentos a la hora de suprimir las imágenes visuales.

Luego, los investigadores utilizaron espectroscopia de resonancia magnética para medir las concentraciones de GABA en el cerebro, mientras que los individuos completaban la tarea, mediciones que mostraron un fuerte vínculo en el control de los participantes normales entre la dinámica de la rivalidad binocular y los niveles de GABA. Esa conexión entre la percepción y el químico cerebral GABA estaba completamente ausente en los cerebros de los individuos con autismo.

«Se sabe que las personas con autismo tienen la percepción visual orientada a los detalles, mostrando notable atención a los pequeños detalles en el entorno sensorial y dificultad para filtrar o suprimir la información sensorial irrelevante», dice Robertson. «Desde hace tiempo, se pensó que esto podría tener algo que ver con la inhibición en el cerebro y nuestros resultados apoyan esta idea», añade. Sin embargo, señalan que la disfunción de GABA que han descubierto puede variar sustancialmente entre las personas en el espectro del autismo y también hay muchos otros neurotransmisores que pueden desempeñar un papel importante en las manifestaciones conductuales del autismo.

Otros estudios realizados por los científicos examinarán las bases genéticas del desequilibrio de GABA. Además, estos investigadores también están examinando la dinámica de la rivalidad binocular en los niños con autismo y el potencial de este fenómeno para servir como un marcador diagnóstico temprano.