“La calidad de vida de una persona con autismo depende del conocimiento que la sociedad tenga de esta”. Theo Peeters.

martes, 26 de julio de 2016

La inducción del parto no conlleva un mayor riesgo de autismo para el bebé

Los partos inducidos son aquellos alumbramientos en los que, ya sea porque no progresan adecuadamente de forma natural o porque su retraso pone en riesgo la salud de la madre o del bebé, se lleva a cabo una intervención, mecánica o farmacológica, para ayudar a traer al neonato al mundo. Una situación que, si bien menos preferible que la natural, resulta necesaria en muchos casos. Sin embargo, esta inducción del parto no se encuentra exenta de riesgos. Y entre los mismos, según han sugerido distintos estudios, destaca una mayor probabilidad de que el bebé desarrolle un trastorno del espectro del autismo (TEA). Pero según muestra una nueva investigación dirigida por investigadores de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard en Boston (EE.UU.), parece que esto no es así.

Como explica Anna Sara Oberg, directora de esta investigación publicada en la revista «JAMA Pediatrics», «en nuestro trabajo, en el que hemos empleado familiares cercanos como los hermanos y los primos carnales como grupo comparativo, no hemos encontrado ninguna asociación entre los partos inducidos y el riesgo de autismo. Además, muchos de los factores que podrían conllevar a la inducción del parto y al autismo son compartidos, ya sea total o parcialmente, por los hermanos, caso de las características de la madre o los factores genéticos o socioeconómicos. Por tanto, la constatación de esta ausencia de asociación cuando se compara entre hermanos sugiere que las asociaciones previamente observadas podrían haberse debido a estos factores familiares, que no a la inducción».

La publicación de un estudio en 2013 en el que se sugería la existencia de una relación ente la inducción del parto y un mayor riesgo de autismo hizo saltar todas las alarmas. De hecho, muchos obstetras reconocieron que, dado el gran bombo dado por la prensa a las nuevas evidencias, un gran número de sus pacientes se mostraban preocupadas sobre esta posibilidad, hasta el punto de que muchas se negaban a que se les indujera el parto. Todo ello a pesar de que, como ya habían aclarado los propios autores del estudio, la asociación observada no era causal, es decir, no era del tipo ‘causa y efecto’.

Transcurridos tres años desde la publicación de los resultados, el estado de alarma sigue vigente, por lo que los autores decidieron llevar a cabo un nuevo estudio para establecer si, realmente, existe una relación entre la inducción del parto y un mayor riesgo de trastornos neuropsiquiátricos para el bebé. Y para ello, analizaron todos los nacimientos acaecidos en Suecia entre los años 1992 y 2005 y realizaron un seguimiento de más de un millón de los entonces bebés hasta el año 2013.

Los resultados mostraron que hasta un 11% de los alumbramientos habían sido inducidos, por lo general por complicaciones asociadas al embarazo, caso de la diabetes gestacional o la preeclampsia, o por el avanzado estado de gestación –partos post-término, en hasta un 23% de los partos provocados–. Unos resultados, asimismo, que mostraron que un 2% del total de bebés nacidos, ya fuera de forma natural o inducida, había sido diagnosticados ulteriormente de autismo.

En primer lugar, los investigadores evaluaron la situación de los individuos no emparentados, observado una asociación entre los partos inducidos y el riesgo de autismo similar a la mostrada en el trabajo del año 2013. Pero cuando, en segundo lugar, analizaron la situación de los hermanos con alumbramientos discordantes, esto es, en el que uno de los hijos de la misma madre había nacido por parto natural y el otro por parto inducido, las observaciones previas se fueron al traste.

En definitiva, las nuevas evidencias muestran que los partos inducidos no suponen un mayor riesgo de autismo, por lo que en opinión de los autores, esta preocupación no debería tomarse nunca más como un factor de decisión clínica para acometer o no una inducción del parto.

Como indica Brian Bateman, co-autor de la investigación, «a nivel general, nuestras evidencias deberían ofrecer seguridad a aquellas mujeres que van a dar a luz de que el hecho de que su parto sea inducido no supondrá un mayor riesgo de autismo para su hijo».

Y en este contexto, como concluye Anna Sara Oberg, «es importante tener en cuenta que nuestros resultados tienen que ver con el riesgo asociado a la inducción del parto per se, y no a los métodos o medicaciones específicas utilizadas en el proceso, incluida la oxitocina».


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