“La calidad de vida de una persona con autismo depende del conocimiento que la sociedad tenga de esta”. Theo Peeters.

lunes, 27 de febrero de 2017

Autismo y ansiedad.


La ansiedad es una respuesta anticipatoria involuntaria del organismo frente a estímulos externos o internos, como pensamientos, ideas, etc , percibidos por la persona como amenazantes y/o peligrosos, y se acompaña de un sentimiento desagradable o de síntomas somáticos de tensión. Se trata pues de una señal de alerta que advierte sobre un peligro inminente y permite a la persona que adopte las medidas necesarias para enfrentarse a una amenaza. 

La ansiedad es una de las comorbilidades psiquiátricas más frecuente en el autismo y se da con mayor intensidad en la adolescencia. Son buenos predictores de una alta ansiedad: la edad, los problemas sociales, el funcionamiento cognitivo y la intolerancia a la incertidumbre.

Preocupa mucho por su alta prevalencia en las personas con autismo y el impacto negativo sobre el bienestar físico y psicológico, y la interacción con los déficits centrales del autismo. Además de ser desencadenante de conductas desafiantes de alta intensidad.

Las personas con autismo pueden presentar altos nivel de ansiedad con bastante frecuencia. Se ha dicho que las conductas de las personas con autismo reflejan una intensa ansiedad desde su infancia. Pero esta idea no es consistente en otros motivos porque no todas las personas con autismo presentan altos niveles de ansiedad.

La ansiedad puede surgir en situaciones que no se pueden comprender y que las hace confusas y angustiosas (volar, ir al dentista, ir a la peluquería, …). Es bastante normal que los niños desarrollen miedos específicos a cosas inofensivas, e incluso a un determinado color o forma. Estos miedos pueden durar años y crear dificultades a toda la familia, especialmente si son objetos cotidianos normales o acontecimientos que difícilmente se pueden evitar. Pero, por otro lado, es frecuente que los individuos con autismo no comprendan los peligros reales y estén tranquilos cuando otros estarían angustiados.

Las pruebas psicofisiológicas indican que las personas con autismo no tienen una activación alta de carácter crónico, pero hay que tener en cuenta que el nivel de activación puede ser el resultado del esfuerzo de procesamiento, más que una causa del estilo con que se procesa la información. Esto no indica que sea específico del Autismo, puesto que hay alteraciones muy similares que son típicas de muchos trastornos psiquiátricos.

La evaluación y el tratamiento de la ansiedad, se basan en la observación del comportamiento y los auto-informes actual y la terapia más frecuente es la cognitivo conductual, pero para ayudar a personas con autismo a manejar su ansiedad debemos aceptar como premisa que sólo la podemos reducir.

La Asociación Autism Speaks público en 2015 una lista de consejos, para ayudar a las familias a afrontar la ansiedad en el autismo:
1. Conseguir la ayuda de un profesional
2. Enfocar la situación que produce ansiedad de una manera lúdica
3. Ayuda a reconocer las emociones
4. Desarrollar una frase tranquilizadora, o "mantra"
5. Repetir el escenario de simulación con el nuevo mantra.
6. Construir una experiencia de manera lenta, segura y gradual
7. Salir al mundo real

Para leer más:
Paula, I (2015). La ansiedad en el Autismo: Comprenderla y tratarla. Alianza Editorial.